El fiado…

Santiago Negrín Dorta

 

Como las cosas sigan así, no lo digo yo, lo dicen todos los economistas reputados, prestigiados y hasta el Profesor Mamadou y la Medium Justiciera, dentro de poco, al ir a hacer la compra, volveremos a oír aquello de “¿me echas un fiado…? ¿Se imaginan la cara de la cajera o cajero de Mercadona o Hiperdino, si uno le dice que se lleva la compra, que la apunte y que la paga a fin de mes?

 

 

No, si al paso que vamos, con los precios de la cesta de la compra, comenzaremos a financiarlas a plazos. “Financie su carrito de la compra a 3 o 6 meses sin intereses”. Si lo lleva por la mitad le pueden quitar los intereses. Si lo lleva lleno, olvídese: intereses, a un tanto por ciento el peso, que los bancos tienen que ganar. Faltaría más…

 

No se me olvida nunca cuando era chico. El concepto de “El Fiado”. Entrabas a un negocio y veías aquel cartel de “Hoy no se fía, mañana sí…”. Y yo era tan bobo, que pensaba en volver al día siguiente porque entonces si me fiaban, y ya era el día siguiente y tampoco se fiaba. Un juego de palabras en bucle con toda la intención elegante para decir: “aquí nos han metido demasiados pufos, de prestado nada”

 

Aquellas libretas de “fiados”, donde los números se salían del final de la hoja porque ya no cabían, o el tendero, a fin de mes, recordando (y con toda la razón), de manera meliflua, al nene o la nena en cuestión, que papá o mamá tenían que pasar por allí a “arreglar” unas cosas. Y mamá haciendo malabares con la paga para llegar a fin de mes. Verdaderas Catedráticas de Economía Aplicada, que no necesitaron ir a Universidad alguna.

 

Ma da que Europa (ojalá me equivoque), le va a tener que echar a España un buen “fiado”, que no sé cómo vamos a pagar, perdón, sí que lo sé, del bolsillo de los que trabajamos y cotizamos, como siempre. Y es que pasa lo que pasa, es cíclico, se vacía la caja, la volvemos a llenar a costa de todos y vuelta a empezar. Dicen que en el Banco de España hay una plaga de arañas peludas que no veas. Claro, es como en todas las cajas, lo último que queda, son las arañas…

 


Santiago Negrín Dorta