¿Qué está pasando en nuestras playas?

Gomerahoy – La Gomera / Opinión de Jorge Marichal, presidente de Ashotel

Jorge Marichal, presidente de Ashotel
Jorge Marichal, presidente de Ashotel

A raíz de los desgraciados accidentes de esta última semana en Playa Paraíso, Adeje, y en dos playas más de Gran Canaria y Fuerteventura,que hansupuesto la pérdida de cuatro vidas,se hace más necesario que nunca una reflexión seria sobre lo que está sucediendo en nuestras costas y si las medidas de seguridad son suficientes. Estas irreparables pérdidas,

 con el drama que ello supone, nos lleva a preguntarnos a quienes nos dedicamos al sector hotelero si son equitativas las normas establecidas para las playas en relación con las que funcionan en las piscinas.

 

Es obvio que el grado de peligrosidad en aguas abiertas no es el mismoque el de las aguas controladas de las de las piscinas de los establecimientos turísticos, no solo porque en este último caso hablamos de lugares pequeños no expuestos a los golpes de mar, sino porque en todas las piscinas de hoteles y apartamentos hay socorristas. Los datos que aporta el Istac son demoledores y muy claros: entre los años 2000 y 2013 se produjeron en las Islas 150 muertes por ahogamientos en aguas naturales frente a 17 en piscinas.

 

El decreto 212/2005 del Gobierno de Canarias sobre técnicas sanitarias de piscinas obliga a todas estas infraestructuras ubicadas en establecimientos turísticos y comunidades de propietarios a tener un socorrista durante todo el horario de apertura. Antes, en mayo de 2003, el Gobierno de Canarias había publicado un decreto (98/2003) que obligaba a todas las playas de las Islas a contar con socorristas; sin embargo, unos meses después, concretamente en diciembre, las presiones de algunos ayuntamientos dieron al traste con esta norma que quedó derogada sine die.

 

Esta laxitud en la vigilancia en nuestras playas, que al fin y al cabo son aguas abiertas y requerirían mayor control, contrasta con el excesivo celo con el que se regula la seguridad en las piscinas, cuando los datos hablan solos y ponen en evidencia dónde está el riesgo en mayor medida.

 

Desde Ashotel consideramos que no se puede regular en función de la «ley del embudo», es decir, lo ancho para las administraciones públicas y lo estrecho para el sector privado.Que quede claro que no nos oponemos a que nuestras piscinas estén reguladas, no se trata de eso, pero lo que no podemos permitirnos en un destino como el nuestro, de los más seguros del mundo, es que sus playas cuenten con profesionales de la seguridad solo en los casos en los que aspiran a tener banderas azules.

 

Somos conscientes de que en un territorio insular como el nuestro no podemos poner una cadena a todo el litoral, pero sí creemos vital frenar estas absurdas muertes mediante algún sistema de información obligatoria en aquellas zonas donde no se disponga de socorristas, al tiempo que se aumente el número de estos profesionales en cuyas manos está muchas veces la vida de nuestros turistas y nuestros residentes. Dejemos de lamentar y pasemos a prevenir.

Jorge Marichal, presidente de Ashotel

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