El alma de España: una mirada personalista a través de las palabras de Sánchez Dragó

En un mundo donde la tecnología y la digitalización parecen dominar nuestras vidas, adentrarse en una librería de segunda mano puede ser una experiencia rejuvenecedora y enriquecedora. En esos estantes repletos de tesoros literarios usados, se ocultan no solo libros, sino también un sinfín de posibilidades y descubrimientos. Comprar en una librería de segunda mano no solo es una opción más económica, sino que también brinda la oportunidad de encontrar ediciones únicas, libros agotados y tesoros literarios olvidados, despertando así nuestra curiosidad y añadiendo un toque especial a nuestra biblioteca personal.

Carlos Jesús Pérez Simancas

 

Hace unos días me encontré con un libro titulado «Y si habla mal de España… es español» del escritor Fernando Sánchez Dragó. La verdad es que nunca había leído nada, más allá de algunos artículos de prensa sueltos, de este autor fallecido en abril del presente año. Tengo que decir que el título del libro me llamó la atención y empecé a hojearlo sin mucho detenimiento, hasta que clavé mi mirada en un par de líneas que hicieron que lo comprara. Y así se convirtió casi sin querer en mi lectura antes de dormir.

 

Debo decir que su lectura me dejó contrariado, muchas veces dubitativo y con más preguntas que certezas. Este libro está claro que lo escribe alguien desde el hartazgo, pero no deja de ser una radiografía sobre nosotros mismos.

 

Y es que, en ocasiones, la cruda realidad se manifiesta en palabras llenas de franqueza y sin filtro. Así es como el reconocido escritor y pensador español, Sánchez Dragó, expresaba su visión sobre España y su pueblo. En su libro, destapa su convencimiento de que el país ibérico es tierra de gentes sin educación, donde la envidia y la mala leche parecen ser los peores pecados arraigados en lo más profundo de su sociedad. Pero, ¿qué hay de cierto en estas afirmaciones? ¿Se trata de un retrato justo y certero o acaso son las palabras de un pesimista desencantado?

 

Sánchez Dragó, con su particular estilo incisivo, sostiene que España es un lugar donde el pícaro es enaltecido en lugar de ser condenado. Un país en el que uno puede ser engañado por cualquier persona, ya sea un editor, un fontanero o un taxista. Para él, España es una nación que carece de una perspectiva moral, un territorio poblado por salvajes y cafres. Desde fuera, el país se percibe como ridículo debido a su propensión a pelearse consigo mismo, dejando a los extranjeros atónitos ante tal espectáculo.

 

Pero, ¿qué lleva a Sánchez Dragó a hacer estas afirmaciones tan contundentes y críticas hacia su propio país? La respuesta se encuentra en su experiencia personal y en la investigación que realizó sobre los últimos días de su padre. A través de este proceso, pudo observar cómo el cainismo y la agresividad que desencadenaron la Guerra Civil española siguen presentes en la sociedad actual. Sin embargo, señala que el salvajismo no fue causado por las ideas, sino por las personas mismas, quienes aprovechaban la coyuntura para saldar deudas pendientes o llevar a cabo venganzas personales.

 

En su relato, Sánchez Dragó destaca que el espíritu de la Guerra Civil aún pervive en la sociedad española, aunque ahora se manifieste de diferentes formas. Reconoce que, a diferencia de aquel entonces, no existe un ejército rebelde y que la prosperidad económica ha evitado que las masas se echen a la calle. Además, el hecho de pertenecer a la Unión Europea ha generado un entorno más estable. Sin embargo, las líneas de fuerza siguen ahí, palpables en los separatismos regionales, los conflictos con la Iglesia, los rumores de posibles levantamientos militares y las persistentes cuestiones relacionadas con la educación y la enseñanza.

 

Cuando se pregunta sobre su sentido de pertenencia nacional, Sánchez Dragó sorprendió al responder que se siente más identificado con la nacionalidad egipcia, india y japonesa. Argumenta que, desde su perspectiva, la historia de la humanidad se inicia en Egipto y continúa en la India y Japón. Considera que despojarse de la etiqueta de «español» es parte de un proceso de búsqueda interna, de liberarse de las ataduras de las identidades impuestas y descubrirse a uno mismo en un sentido más amplio.

 

La visión personalista de Sánchez Dragó nos invita a reflexionar sobre España desde una perspectiva crítica, pero al mismo tiempo nos desafía a no quedarnos atrapados en un retrato pesimista y estereotipado. A pesar de las sombras que puedan acechar al país, España también es hogar de una rica historia, una cultura diversa y una sociedad capaz de superar los retos que se le presenten. Asimismo, cada individuo tiene la capacidad de trascender las etiquetas y buscar su identidad más allá de las barreras impuestas por su lugar de origen.

 

En última instancia, las palabras de Sánchez Dragó nos animan a analizar y cuestionar nuestra realidad, a no conformarnos con las etiquetas y a explorar nuestra propia identidad más allá de las fronteras geográficas. Si bien es cierto que ninguna nación es perfecta y que todas enfrentan desafíos, también es importante reconocer y celebrar aquello que nos une como seres humanos, trascendiendo cualquier barrera nacional o cultural. En esa búsqueda de sí mismo, Sánchez Dragó nos invita a encontrar nuestro propio lugar en el mundo, a liberarnos de las etiquetas y a construir una identidad que nos defina más allá de los confines de nuestra tierra natal.

 

Y tú, ¿qué piensas respecto a esto? Difícil decisión, que como mínimo merece una pequeña reflexión.

Gracias por leerme.