Estoy enamorado
Estoy enamorado. ¡Hasta las trancas!. Ella no es perfecta, pero sus encantos cautivan a quien la conoce. Es un poco tímida, como si escondiera grandes misterios y seductores secretos, pero cuando deja de serlo es tan locuaz y abierta como las hojas de los árboles del Garajonay.
No se el día exacto en que pasé de sólo pensar en ella, a sólo amarla, lo que si se, es que ahora me es imposible dejarla, y mucho menos olvidarla. Cuando me ausento, cuando corro el riesgo de tener que alejarme… tiemblo de miedo, pero que se disipa cuando mi trabajo me deja estar en ella; en sus barrancos, en sus montes, en todos los paisajes que muestra y en otros que esconde para los que nos aventuramos a descubrirlos. Estos últimos son los mejores, los que reserva para quienes enamorados y enamoradas se aventuran al amor desenfrenado.
Estoy enamorado de ella, y seguro que muchos y muchas de ustedes también. No conozco a nadie, aún, que la haya conocido y le dejara indiferente. Todos y todas somos seducidos a cada minuto del día porque su luz varía con el paso de los segundos y a lo largo de las estaciones. Nadie logra conocerla del todo; harían falta muchas vidas para ello, así que ninguno presuma que la conoce en su integridad. Nos ha moldeado a su imagen y semejanza porque los que hemos nacido o hemos llegado, o vivimos en ella, ya tenemos parte de su esencia, y se puede decir que nos ha hecho esclavos de sus encantos.
Muchas mujeres y hombres dieron su vida por ella, y durante toda su historia. Desde aquellos que resistieron a colonizadores venidos de otros mundos, hasta los que lucharon por la libertad, oponiéndose a una dictadura. Ella es el motor y motivo de lucha. ¿Cómo no amarla? pues… si queremos morir en ella y descansar, por siempre, en ella.
Así es la Gomera, un amor infinito y siempre posible, pero que en ocasiones, en muchas quizás, no respetado, aun a sabiendas, que ese, es el principal de los principios. Los gomeros y gomeras de antes, aquellos que construyeron los bancales, aquellos que lograron que cada palmo de tierra diera sus mejores frutos, evitando la erosión y su pérdida; aquellos que construyeron con piedras sus casas, miméticas y adaptadas al paisaje; los que transmitieron el conocimiento de generación en generación, son y serán… La Gomera.
Ahora no somos los mismos de antes, pero hay mucha gente que quiere y lucha por esta Isla, y para ellas, y para ellos, y para quienes se vean identificados, y para los que viven fuera de ella y la añoran cada segundo de sus vidas, y para los que siguen obteniendo sus mejores frutos, y para los que siguen transmitiendo el acento y nuestro vocabulario, y para aquellos que aprenden a hablar con el silbo, y para aquellos que mantienen las tradiciones, el folclore y la música del tambor…, y para los marineros, agricultores que respetan el entorno, y para los que se resisten en abandonar sus rincones y que debemos luchar para que no lo hagan, y para tanta y tanta gente que transmite el amor a esta tierra, y para los que hablan de La Gomera con orgullo, y para los que están enamorados de esta Isla…, vaya mi pequeño homenaje. ¡Viva la Gomera!
