«Que no muramos por la boca»
«El» se levantó muy temprano, como lo hacen los hombres del campo. No quiere que se le eche encima el sol. Esa mañana, como muchas otras anteriores, se enfundó la maquina de sulfatar. Previamente, la había cargado con un producto recomendado por un amigo, que le aconsejó que lo usara, si quería acabar con todos los «bichos» de los árboles frutales. Acabaría con las moscas de la fruta y con todo lo que se pusiera por delante. Aplicó la dosis recomendada y la del «por si acaso» que es aquella, en la que se le añade un poquito más de lo recomendado. Lo probó y vaya si resultó. Tres meses después volvió aplicarle el mismo tratamiento a todos los árboles frutales.
Pasó el tiempo; las peras y duraznos que dieron aquellos árboles no tenían parangón. Fruta enorme y sin bichos. Se vendieron solas. Las vendió todas y todos quisieron probar de esa fruta que «El» había logró tan hermosa; el secreto, aquel producto que le recomendó su amigo.
Y pasó el tiempo y «El» siguió actuando igual, usando pesticidas e insecticidas para todo lo que recolectaba. Supimos que «EL» enfermó de cáncer y poco después falleció, formando parte de la estadística de los fallecidos por cáncer. No fue el único, otros vecinos han ido engrosando esa lista negra.
Aunque este es un relato sin nombre y apellidos en nuestra isla ocurre más de lo que debería. Un estudio del suelo, elaborado por el Instituto de Edafología de Canarias, arroja que las tierras de cultivo de La Gomera son unas de las más contaminadas, por productos fitosanitarios, de todas las Islas Canarias, y todos sabemos la relación directa de estos productos con el cáncer.
La responsabilidad de nuestros agricultores, con explotaciones comerciales o de autoconsumo, pasa por conocer todo el daño que se está provocando con estos productos, no controlados, sobre la salud y el medio ambiente.
Tenemos la oportunidad, que las nuevas generaciones, que se van incorporando al campo, adquieran una mayor conciencian ecológica, que pasa, no por dejar de usar todo tipo de productos que mitiguen las plagas, porque existen multitud de ellos que son ecológicos y que se pueden utilizar en la agricultura, pero si por desterrar aquellos otros productos químicos que si contaminan nuestra salud, nuestro medio ambiente, y que hacen que nuestros terrenos queden insalubres durante décadas.
Para cambiar esta tendencia, aquí juega un importante papel el consumidor, porque debemos estar alerta de aquellos que les importa «dos pepinos» nuestra salud, porque me consta que hay agricultores que son conscientes y aplican buenas prácticas en la agricultura y justos no deben pagar por pecadores.
Y quienes juegan un papel mayor, y sin lugar a dudas fundamental para reconducir estos malos hábitos que repercuten en nuestra salud, son nuestros representantes públicos que deben tomarse muy en serio este problema de salud, y que «mata» en silencio, abordándolo de forma integral: formación, control y ayudas, podrían ser las tres patas en que se basara la estrategia por y para una agricultura más ecológica en La Gomera.
Añadirles un sello de producto ecológico a toda nuestra agricultura y a nuestros productos alimenticios elaborados artesanalmente, es añadirles un plus de calidad. Potenciar una mayor agricultura ecológica en la Gomera, controlando la calidad y la trazabilidad es invertir en salud. Somos lo que comemos y ya lo dice el dicho… con la salud no se juega.
Juan Carlos Moreno

