Metro de Madrid: músicos que dan la nota

Juan Antonio Alonso Velarde

Viajar en Metro es un placer…siempre que no venga el musicólogo de turno o el pedigüeño molesto que tiene perfectamente aprendida su historia. A ver, antes de que vengan los amigos de lo políticamente correcto a ponerme de vuelta y media.

No pretendo impedir que la gente se busque la vida y que
entiendo perfectamente que hay quienes han intentado trabajar por activa y
por pasiva, pero que por diferentes factores no lo han conseguido y tienen
que lanzarse a lo primero que sea, bien dando la murga con los instrumentos
musicales o bien pidiendo de las más diversas formas. El problema es que se
le da la lata a los viajeros y no siempre gusta que a uno le interrumpan la
conversación con el amigo, la charla por el móvil o simplemente la
concentración en la lectura del diario o del libro.

Por eso, sería una más que excelente idea que Metro de Madrid, tan ávido
que está en poner revisores por los pasillos más inesperados y apagar las
escaleras mecánicas para disgusto del consumidor (sí, no siempre se
estropean….), que establezca una especie de normativa para regular a estos
músicos ambulantes. Sé que lo de los pedigüeños es casi imposible porque,
además, cualquiera de nosotros podría serlo perfectamente.

Creo que resultaría más sencillo, por ejemplo, habilitar zonas en las
estaciones para que puedan tocar como además ya sucede especialmente en
algunos puntos de la red de Metro. Raro es no pasar por Avenida de América,
Diego de León, Argüelles, Legazpi o Usera y no encontrarse con músicos
callejeros, algunos de ellos, dicho sea de paso, auténticos virtuosos.

Sin embargo, debería de prohibirse que estos artistas actúen en el interior
de un vagón. Nos guste o no, molestan hasta extremos insospechados, algunos
tienen que arrastrar estructuras voluminosas y encima (aquí viene la Ley de
Murphy) lo hacen en horas punta. O sea, un caldo de cultivo para echarse a
muchos pasajeros en contra. Pero a los revisores sólo les interesa si te
has podido o no colar en una estación y a ver si con un poco de suerte le
arreglas el agujero financiero (y a Dios gracias, de momento, que no les ha
dado por darnos un sablazo en los abonos mensuales. Al menos no han dado la
nota, valga el símil musical).

Juan Antonio Alonso Velarde

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